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MIGUEL FISAC.In memoriam

La fecha del 12 de mayo de 2006 ha quedado impresa en la Historia de la Arquitectura Española por la pérdida de quien ha sido uno de sus grandes maestros y principales impulsores de su desarrollo durante las seis últimas décadas. Era, también, el último superviviente de aquella generación de Posguerra, la de Francisco de Asís Cabrero, José Luis Fernández del Amo o Alejandro de la Sota, de la denominada Escuela de Madrid, que primero habría de rebelarse contra la arquitectura oficial y monumentalista, adhiriéndose al sentir "moderno" a través de la reivindicación tácita del racionalismo republicano, bruscamente interrumpido, y la aproximación a las propuestas europeas y norteamericanas contemporáneas.


Miguel Fisac Serna, nacido en Daimiel (Ciudad Real) en 1913, titulado en la Escuela de Arquitectura de Madrid en 1942, ciudad en la que habría de arraigarse, fue, sin embargo, un visionario, voluntariamente marginado de modas y estilos y, por tal motivo, inimitable e incluso, en críticos periodos, olvidado. Fue además, y quizás ante todo, un indagador incansable, que superando los planteamientos más ortodoxos del Movimiento Moderno sabría crear una arquitectura científica, en la que la técnica se hace imprescindible y previa a toda respuesta estética. De ahí sus incursiones en la industria de la construcción, de la prefabricación, que le llevarían a crear patentes de hormigón, máxime tras su definitiva identificación con este material, al que consideraba el más adaptado a la realidad presente. Sus vigas huecas de hormigón pretensado, los célebres "huesos", o sus encofrados flexibles son buena muestra de esa constante experimentación, que le alejaba de la práctica arquitectónica habitual, acercándole, a pesar de su desconcierto, al mundo del ingeniero.

     

Tras sus primeras obras para el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, a partir de 1942 y en la Colina de los Chopos de Madrid, entre las que resulta clave la Iglesia del Espíritu Santo por su revisión del clasicismo, sufrirá una profunda transformación en su pensamiento arquitectónico a raíz de su viaje a los países nórdicos y su contacto con las realizaciones de Erik Gunnar Asplund, a quien habría de considerar, a partir de entonces y constantemente, su referencia conceptual y metodológica más que formal. El Centro de Investigaciones Biológicas (1951) va a reflejar esta influencia escandinava, así como el Colegio Apostólico de Arcas Reales de Valladolid (1952), que recibiría el premio internacional de la Exposición de Arte Sacro de Viena en 1954, o la Iglesia y Teologado de los Padres Dominicos en Madrid (1955).

Tras sus primeras obras para el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, a partir de 1942 y en la Colina de los Chopos de Madrid, entre las que resulta clave la Iglesia del Espíritu Santo por su revisión del clasicismo, sufrirá una profunda transformación en su pensamiento arquitectónico a raíz de su viaje a los países nórdicos y su contacto con las realizaciones de Erik Gunnar Asplund, a quien habría de considerar, a partir de entonces y constantemente, su referencia conceptual y metodológica más que formal. El Centro de Investigaciones Biológicas (1951) va a reflejar esta influencia escandinava, así como el Colegio Apostólico de Arcas Reales de Valladolid (1952), que recibiría el premio internacional de la Exposición de Arte Sacro de Viena en 1954, o la Iglesia y Teologado de los Padres Dominicos en Madrid (1955).


Coincide este periodo, por otra parte, con su vinculación a la política colegial madrileña, prácticamente única a lo largo de su vida, como vocal de la junta de gobierno (1949-1951), y con su participación en el concurso de Vivienda Mínima, convocado por el COAM en 1950 y por el que obtendría el primer premio. Con él iniciaría una vida profesional de numerosos y diversos reconocimientos, si bien interrumpidos durante las décadas de los setenta y ochenta, al hallarse fuera de los círculos críticos arquitectónicos, hasta la recuperación de su figura con la concesión de la Medalla de Oro de la Arquitectura del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España en 1994.


En 1955 realiza una gira por diversos países del mundo, que le llevarían a Estados Unidos, donde visita a Richard Neutra en Los Ángeles y los edificios de la Johnson Wax Company en Wisconsin de Frank Lloyd Wright y la Farnsworth House en Illinois de Mies van der Rohe, hecho que coincide con su polémica salida del Opus Dei. Dos años después contrae matrimonio con Ana María Badell, culminando un momento de cambio personal y profesional que se traduciría en una mayor independencia y apertura, caminando hacia un eclecticismo en el que obtendría igualmente magníficos resultados, a través de sus experiencias estructurales, como el Centro de Estudios Hidrográficos (1960), el conjunto parroquial de Santa Ana (1965), los Laboratorios Jorba (1965), conocidos popularmente como "La Pagoda", por la influencia volumétrica de los templos orientales, y cuya lamentable y polémica desaparición en el verano de 1999 traería consigo la revitalización de la imagen pública de Miguel Fisac, superando el ámbito estrictamente profesional.


Su última etapa se ha centrado en el estudio de los aspectos formales del hormigón, concretamente en su imagen externa, como en el Centro de Rehabilitación MUPAG (1969), la Casa Pascual de Juan en La Moraleja (1973), la Parroquia de Nuestra Señora de Altamira (1983) o en las obras más recientes, las realizadas en colaboración con jóvenes profesionales, como el Pabellón Polideportivo de Getafe (2002) o las Viviendas para la EMV en Vallecas (2005), aún sin construir.


Lúcido hasta el último suspiro, en estos años finales pudo equilibrar su proverbial pesimismo, si bien siempre atemperado con dosis de fina y elegante ironía, con el unánime encomio social, multiplicadas las exposiciones retrospectivas sobre su obra, coronadas por la realizada por el Ministerio de Fomento en 1997, y las concesiones de premios y honores, como el Antonio Camuñas en 1996, el Nacional de Arquitectura 2002 del referido ministerio o el doctorado honoris causa de la Universidad Europea de Madrid en 2004. La transmisión de su archivo profesional al Colegio Oficial de Arquitectos de Ciudad Real en 2005 y la constitución, como consecuencia, de una fundación con su nombre, que ha de preservar su memoria, es el mejor epílogo para tan fértil trayectoria, camino de ida y vuelta a su tierra manchega, para convertirse, a partir de ahora, en foco de irradiación perenne para la Arquitectura.


Madrid, Mayo 2006

Servicio Histórico COAM
Fundación Cultural COAM



A PROPÓSITO DE MIGUEL FISAC
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  Relación de obras

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