Acorde a la actual política colegial de afianzar el Servicio Histórico como centro de documentación, base del anhelado instituto de la arquitectura, un nuevo legado ha venido a engrosar los fondos de su archivo: el del distinguido arquitecto y urbanista Antonio Perpiñá Sebriá.
Esta donación se ha formalizado el pasado 13 de septiembre mediante un acto protocolario y la firma de un convenio entre su viuda Dª Martina Carrera Savall, quien asistió acompañada por algunos de sus hijos, y la Fundación COAM, en cuyo nombre actuó nuestro decano Ricardo Aroca, como presidente de la misma. Durante el transcurso del acto, el Decano agradeció y encomió el gesto y resaltó la importancia de este arquitecto catalán, responsable en gran medida de la transformación urbana de Madrid durante los años sesenta del siglo XX y de la divulgación de las teorías urbanísticas extranjeras en nuestro país, como representante español en las comisiones de urbanismo de la Unión Internacional de Arquitectos (1956-1973).
Nacido en Gerona el 15 de febrero de 1918, Antonio Perpiñá se tituló en la Escuela de Arquitectura de Barcelona en 1948, mostrando desde el inicio de su carrera profesional su preocupación por la resolución del problema de la vivienda, acuciante en la España de ese momento, y por el adecuado crecimiento urbano de las ciudades y comarcas, centrándose inicialmente en las catalanas. Estas inquietudes se verían pronto recompensadas con la obtención de sucesivos primeros premios en diversos concursos sobre vivienda económica y urbanismo, así como con la pronta participación en el desarrollo de planes provinciales, comarcales y generales de Cataluña. Fueron estos primeros años, como él mismo reconocía, "de intenso estudio", durante los cuales obtuvo el título de Técnico Urbanista (1951), en el Instituto de Estudios de Administración Local, adquirió una visión global de lo realizado en otros lugares, a través de las publicaciones foráneas, y contactó con quien era a la sazón la máxima autoridad en materia de Urbanismo en España, el jefe nacional Pedro Bidagor.
El reconocimiento a nivel estatal le llegó a Perpiñá de la mano del concurso para la ordenación de la zona comercial Madrid-AZCA,
convocado en 1954 por la Comisaría General de Ordenación Urbana de Madrid, con el cual conseguiría el primer premio y un impulso y cambio trascendental en su trayectoria profesional, pues acabaría fijando su residencia en esta ciudad en 1956. No obstante, durante toda su vida mantendría el Arquitecto vínculos con su Cataluña natal, donde realizaría nuevos planes urbanos, como el General de Ordenación de Viladecans (1961) o el de Vallromanes (1980), y proyectos de edificación, entre los que destaca el grupo de viviendas "Escorial" en Barcelona (1959), junto a Ribas, Mitjans, Bohigas, Martorell y Alemany.
Tras AZCA, cuyo plan fue aprobado definitivamente en 1964, Perpiñá proyectaría en Madrid múltiples y significativas actuaciones urbanas, como la ordenación de los márgenes del río Manzanares (1956), la notable "Ciudad de los Poetas" (1963), constituida por 8.000 viviendas realizadas en la Dehesa de la Villa, el Barrio de la Estrella para 5.000 viviendas (1964), un Plan Parcial en Puerta de Hierro (1965), la Alameda de Osuna (1966), etc., relación a la que habría que sumar la ejecución de muchas y variadas edificaciones de gran interés, como el edificio AGROMAN en la c/ Raimundo Fernández Villaverde (1958), los colegios mayores San Juan Bautista de Lasalle (1963) y Blanca de Castilla (1965), ambos en Aravaca, la singular sede de Hispano-Olivetti en la c/ Conde de Peñalver (1964), el edificio de las antiguas Galerías Preciados de la Plaza de Callao (1964), el Ministerio de Industria y Energía (1972), el conjunto residencial Vistahermosa (1972) o la rehabilitación del palacete Castanedo de la c/ Velázquez para Caja de Ahorros de Barcelona (1981). En algunos de ellos habría de contar con la colaboración de otros arquitectos, especialmente Luis Iglesias Martí desde 1961, pero también Antonio Marsá Prat, José María Anasagasti, Javier Feduchi, Luis González Cruz, Luis Alemany, Julián Laguna, Carlos de Miguel, así como su propio hijo Antonio Perpiñá Carrera.
En el legado Perpiñá que ahora se incorpora al archivo del Servicio Histórico, al cual la Fundación COAM le ha encomendado su custodia, hay constancia de esta prolífica actividad en los más de 300 tubos de planos que lo componen, la mayoría numerados e identificados, los cuales, a partir de ahora, habrá que reordenar, clasificar, inventariar e informatizar, con el fin de facilitar, en el menor tiempo posible, la consulta de la documentación del nuevo fondo.
De este modo, la labor proyectual de Antonio Perpiñá Sebriá quedará, a través de su archivo, conservada y abierta al estudio y la investigación para la posteridad, uniéndose así a las de otros arquitectos, de quienes también ha quedado memoria en el Servicio Histórico, como Julián Otamendi, Luis García de la Rasilla, Manuel Lorente Junquera, Fernando García Mercadal, Pedro Bidagor, Miguel de los Santos, José Urioste y Velada y, especialmente, Ramón Vázquez Molezún, en cuyo voluminoso fondo legado se está concluyendo actualmente el proceso de catalogación.
Recordar, para finalizar, que se trata de una contribución más, decisiva y esencial, por parte de la Fundación COAM, y del Servicio Histórico que gestiona, a la protección de un siempre vulnerable patrimonio documental de arquitectura y urbanismo, apuesta, tal y como se ha explicado, en la cual se encuentra el mismo COAM y de la que también es fruto inminente la recepción del archivo de otra figura indiscutible de la arquitectura española de los últimos tiempos: Antonio Fernández Alba.
Servicio Histórico del COAM
Octubre 2004