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MUESTRA FACSÌMILES

MUESTRA
"LA REAL ACEQUIA DEL JARAMA"

AGOSTO - SEPTIEMBRE 2006




  FICHA DESCRIPTIVA

1995
DELGADO, Pedro
La Real Acequia del Jarama. -- Madrid : Ministerio de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente, Centro de Publicaciones, 1995
2 v. (235 p., 32 lám. pleg). ; 32 cm. -- (Ciencias, Humanidades e Ingeniería ; 50)
Edición facsímil del manuscrito existente en el Archivo del Palacio Real de Madrid, 1816
Contiene: I. Estudios preliminares: "Los artífices de la Real Acequia del Jarama" / Alvaro de la Piñera y Rivas ; "La Real Acequia del Jarama" / Equipo de Investigación CEHOPU -- II. Planos
Esta cuidada edición pone al alcance del lector el hasta entonces inédito manuscrito Reconocimiento de la Real Acequia del Jarama executado en virtud de real orden de 11 de octubre de 1815, por el brigadier Pedro Delgado, que se inicia con un resumen histórico y describe a continuación la acequia y los trabajos realizados hasta esa fecha. El texto es una fuente imprescindible para el conocimiento de una de las mas dilatadas empresas que en el campo de la ingeniería hidráulica se han acometido en España.
D.L. M. 29290-1995
ISBN 84-380-0093-2
1. Feringan Cortés, Sebastián 2. Madrid 3. Construcciones hidráulicas 4. Real Acequia del Jarama 5. Facsímiles I. Piñera y Rivas, Alvaro de la II. España. Ministerio de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente. Centro de Publicaciones III. Colegio de Ingenieros de Canales, Caminos y Puertos
4.16 Obras públicas
COAM FAC-34



  LA REAL ACEQUIA DEL JARAMA. HISTORIA

El actualmente denominado Canal del Jarama, de 72 km. de longitud, discurre entre los términos municipales de Rivas-Vaciamadrid y Mocejón, cruzando los de San Martín de la Vega y Ciempozuelos en la provincia de Madrid, y los de Seseña y Borox en la de Toledo. El canal, que vierte en el río Tajo, acompaña en su ribera occidental al río Jarama, del cual toma sus aguas en la presa del Rey. Es una obra realizada a lo largo de casi cinco siglos (desde finales del XVI hasta el XX) y agrupa diversos elementos (presa, toma de agua, casa de compuertas, casetas, puentes, edificaciones auxiliares, etc.) que son representativos de la ingeniería hidráulica de esos periodos, aunque su construcción se ejecutó en su casi totalidad en los cambios de centuria del XVII al XVIII y del XIX al XX.

La primera propuesta partía de una ambiciosa previsión de actuaciones del monarca Felipe II en torno al Real Sitio de Aranjuez y abordaba la ordenación y aprovechamiento del territorio comprendido entre Madrid y Toledo. Tanto este monarca como sus sucesores intentaron poner en regadío las tierras de las vegas del Tajo y el Jarama, y, para llevar a cabo tal propósito, Felipe II encargó a sus ingenieros estudiar el posible trazado de la acequia del Jarama y analizar las dificultades susceptibles de encontrarse en la empresa. A este respecto, en 1562 le es presentado un cuestionario a Pedro de Esquivel y la respuesta del maestro fue positiva a la posibilidad de riego. Se conoce también la respuesta de Juanelo Turriano, quien propuso sistemas constructivos válidos para resolver los problemas que las características de la naturaleza del lugar podían ocasionar, dado que se trata de un terreno yesífero y muy poroso.

Varias veces se intentó iniciar la obra, la mayor parte sin éxito. Así, en 1571, Juan Otazo de Guevara se compromete a realizar la acequia del Jarama con un recorrido parecido al que más tarde se siguió, pero apenas se llevaron a cabo algunos elementos: de esta época datan la primera presa, alzada en 1574 en el lugar señalado debajo de Vaciamadrid, determinadas partes de la acequia y una interesante edificación hoy día conocida como "El Castillo", que era una casa de compuertas y se trata de una de aquellas obras auxiliares que tuvo que efectuar Juan de Otazo bajo la dirección de Juan de Herrera. Nada más se hizo hasta el reinado de Felipe IV, en el que, por orden de 22 de agosto de 1636, se dispuso que se nivelasen diversos puntos del recorrido propuesto. Se confeccionaron nuevos estudios por el Maestro Mayor de las Obras Reales, Francisco de Herrera, acompañado de otros técnicos, y, concluida la nivelación, se levantó el plano con la traza de la acequia. El proyecto fue aprobado por la Junta de Obras y Bosques y, posteriormente, por el rey Carlos II, iniciándose de inmediato la construcción. En ese tiempo, según Álvarez de Quindós, se abrió la caja del caz hasta la cañada de Matalobos, donde apareció un gran sumidero que impidió la continuación de las tareas. Más tarde, la Guerra de Sucesión obligó a la suspensión de las obras, que ya no avanzaron hasta que, destinado a ellas Sebastián Feringán Cortés por orden de S.M. de 8 de mayo de 1738, pasó a hacerse cargo de todos los datos disponibles hasta el momento, comenzando los trabajos el 9 de junio del mismo año y concluyéndolos en diciembre de 1741, todo ello con la colaboración de Pedro Superviela. Feringán, intentando conseguir la mayor extensión de riego posible, siguió un trayecto parecido al que actualmente existe, realizando una ingente labor llena de dificultades, entre ellas la relativa a la Peña de Acirate, que tuvo que horadar en una longitud de 393 m. Sin embargo, la obra constituyó un fracaso debido a que los sumideros producidos por la disolución de los yesos impidieron el riego de las tierras previstas inicialmente.

No se intentó de nuevo culminar el proyecto hasta que, con el acceso al trono de Fernando VI en 1747, Carlos de Witte pasó a desempeñar el cargo de director de obras de la Real Acequia del Jarama. La primera tarea que emprendió fue la de revestir de sillería el túnel que atravesaba la Peña de Acirate, pero el gran problema se hallaba en los sumideros surgidos entre San Martín de la Vega y Ciempozuelos, que inutilizaban la acequia. Para resolverlo buscó la apertura de cauces alternativos, como fueron la acequia de Serrano y la de la Media Luna, consiguiendo que durante algo más de un año la acequia del Jarama funcionase al completo.

A principios del siglo XIX, diversos problemas administrativos, unidos a la invasión napoleónica, determinaron una vez más una época de total abandono para la acequia, situación que se mantendrá hasta que Fernando VII se reincorpora a la Corona y Pedro Delgado es encargado de la revisión del canal. En 1815 comienza su actividad y en algo menos de un mes presenta diversos documentos como resultado de sus estudios: En el primero de ellos manifiesta el estado en el que se encuentran las obras, indicando lo que se debe hacer para proseguirlas hasta proporcionar riego a más de 50.000 fanegas de tierra. Pedro Delgado continúa trabajando en ello durante 1816, efectuando una limpieza de la acequia y contratando la retirada de arenas, la corta de hierbas y otras reparaciones. Siguió tomando datos de campo y del Archivo de la Contaduría de Ciempozuelos hasta que, con fecha de 10 de noviembre de 1816, remitió una "memoria expresiva del reconocimiento científico de la Real Acequia, en el que se da a conocer lo que ha sido, lo que es, y lo que puede ser, si se emprendieran las obras de reparación que son indispensables, y se indican en el expresado escrito, con treinta y dos planos que le acompañan o ilustran". A esta memoria pertenecen los planos expuestos.

Poco después, Manuel Dejuán fue nombrado Administrador de la Real Acequia, cargo al que aspiraba Pedro Delgado, quien sólo consiguió el de Comisionado. La diferencia de ideas que ambos tenían sobre la obra y otra serie de acontecimientos ocasionaron que Pedro Delgado cesara en su puesto al año siguiente, aprobándose entonces el plan aportado por Manuel Dejuán. Por lo tanto, el manuscrito y los planos presentados por Pedro Delgado pudieron incluso no llegar a ser consultados nunca.

Una vez separado Pedro Delgado de la acequia, ésta no sufrió modificación alguna a lo largo del siglo XIX. El bajo caudal de estiaje pudo ser la causa principal de que no se intentara rehabilitarla y poner más superficie en regadío. Más tarde, la construcción del embalse de Santillana en 1908 abrió esperanzas de riego en la vega del Jarama al permitir aquel la regulación del caudal del río Manzanares y, efectivamente, en 1910 se decidió prolongar la acequia a partir del punto en que comienza la cacera de la Media Luna, abandonada desde finales del siglo XVIII. En la "Memoria Correspondiente a los Años 1939-1945" de la Delegación de los Servicios Hidráulicos del Tajo se menciona la acequia, diferenciando entre el "Canal Antiguo", extendido desde el origen hasta el kilómetro 18,913, y la otra sección, que, denominada "Rehabilitación de la parte abandonada", va desde ese punto hasta su final, kilómetro 71,363. Con la primera, y pese a su estado, se venía desde siempre dando riego a aquella zona, llevándose a efecto obras de mejora. El sector denominado "Rehabilitación de la parte abandonada" llegó a desaparecer por soterramientos y en algunos kilómetros desapareció toda huella de su existencia.

La labor que se había hecho era doble: optimizar el "Canal Antiguo", procediendo sobre todo a su revestimiento, y dividir la parte llamada "Rehabilitación" en siete trozos para su reparación. En el año 1934 se habían concluido ya los tres primeros, de forma que podía regarse hasta el desaguador de los Mosquitos. Más adelante, terminada la guerra civil, se continuó con los siguientes tramos, y por fin, en 1968, se completaron los trabajos de la acequia. El agua no pudo pasar por toda la longitud de la misma hasta que, con la aparición del hormigón realizado con cemento, fue posible revestir los cajones en algunos lugares, mientras que en otros se condujo el agua a través de acueductos formados por tramos de sección en U autoportantes. Esta era la única manera de impedir que el agua disolviera los terrenos y produjera la rotura de la acequia. En la actualidad, el canal riega una superficie de 12.500 hectáreas a lo largo de los 72 kilómetros de su recorrido. Existe, además, una nueva presa denominada Nueva Presa del Rey, que, terminada en 1971, sustituye a la antigua de igual nombre.



  PEDRO DELGADO

Pedro Delgado nació en Ciudad de los Reyes (Perú) en 1760 y era hijo de Melchor Ignacio Delgado, capitán español allí destinado, y de Juana Josefa del Campo de la Vega.

En su adolescencia fue enviado a la Corte para llevar a cabo sus estudios y, siguiendo la vocación paterna, el 11 de junio de 1777 ingresa como cadete en el Ejército. Efectuó después cursos en la Real y Militar Academia de Matemáticas de Barcelona, en la que alcanzará, tras su terminación en 1781, el grado de subteniente.

A finales de 1782 solicita agregarse al Cuerpo de Ingenieros de Marina, donde es admitido con el empleo de ayudante de Ingenieros y el grado de alférez de fragata; destinado al Departamento de Ferrol, realiza prácticas y nuevos estudios en su arsenal. Poco después es promovido a alférez de navío e ingeniero extraordinario y se le traslada al Principado de Asturias en calidad de inspector. Durante los años siguientes desempeñará varios cargos, tanto en el Principado como en Ferrol; entre ellos destaca el de la jefatura de la Comisión de Montes del Principado de Asturias, para el que realizó un proyecto en orden al mejor aprovechamiento de los puertos del Principado, acompañándolo de numerosas memorias y planos explicativos. Durante este periodo fue ascendido en más de una ocasión: así, en 1792 es promovido a capitán de fragata e ingeniero en segundo, privilegio que le correspondía por rigurosa antigüedad. Un año antes había contraído matrimonio, previa Real Autorización, con la joven María del Carmen Sandino Díaz, a quien conoció en el transcurso de un viaje a Madrid.

Comenzado ya el nuevo siglo, se le destina al Departamento Marítimo de Cartagena. Pedro Delgado intenta evitar este traslado y, aunque logra retrasarlo cuatro años, ha de instalarse finalmente en 1804, permaneciendo allí algún tiempo a lo largo del cual ocupará diversos puestos, tanto en dicha ciudad como en Cádiz, saliendo indemne de la epidemia de fiebre amarilla que asoló Cartagena. En 1807 es ascendido a capitán de navío e ingeniero en jefe y destinado de nuevo a Ferrol. Durante la guerra de la Independencia y la ocupación francesa de Ferrol, Pedro Delgado dirigió la fábrica de fusiles de Jubia y prestó servicios en el 4º Ejército de Operaciones.

Una vez de regreso a Madrid en 1814 Fernando VII, restablecida relativamente la normalidad en el territorio peninsular, se intentó alentar el desarrollo económico del país, retomando algunos proyectos antiguos. En este contexto, se dispone al año siguiente la activación de las obras de arreglo de la Acequia del Jarama, encargándose al ya entonces brigadier Pedro Delgado su reconocimiento y el informe facultativo correspondiente, cuyos documentos aquí se exponen.

Tras los trabajos realizados en la Acequia y ya descritos, Pedro Delgado fue nombrado Caballero de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo. Posteriormente estableció de nuevo su residencia en Ferrol, ciudad de la que llegó a ser gobernador político-militar. Murió en 1834.



  EL MANUSCRITO DE PEDRO DELGADO. LAS SOLUCIONES PROPUESTAS

Hay dos aspectos del manuscrito de Pedro Delgado que llaman especialmente la atención: por un lado, que fuera capaz de realizar un trabajo tan detallado y en el que se estudian diversas alternativas en un tiempo muy escaso -menos de un año- y, por otro, la ingente labor que se expone de Sebastián Feringán Cortés. Éste realizó la nivelación, la excavación de la acequia y la ejecución de todas las obras auxiliares en poco más de dos años, amén de redactar las ordenanzas por las que se regía el riego, formar con los agrimensores los padrones de las diversas caceras y, al mismo tiempo, dirigir otras obras en el término de Aranjuez.

Siguiendo el orden establecido por Pedro Delgado en su manuscrito, encontramos en primer lugar un "Resumen Histórico" bastante ajustado a la realidad y de acuerdo con las informaciones de las que se disponía en el Archivo de la Contaduría de la Acequia en Ciempozuelos. Sin embargo, no incluye ciertos datos sobre los intentos llevados a cabo desde el reinado de Felipe II para ejecutar la acequia: esto lleva a pensar que Delgado no consultó el libro antes citado de Álvarez de Quindós, Descripción histórica del Real Bosque y Casa de Aranjuez, editado ya en 1804.

Después del "Resumen Histórico" pasa a exponer la "Descripción de la Real Acequia y Trabajos de su Primer Director". En este apartado toma como base los trabajos de Sebastián Feringán Cortés para la confección del plano nº 1, en el que se recogen todos los accidentes del terreno y el trazado de la acequia principal, caceras y desaguadores, que más adelante describirá minuciosamente en el capítulo 3: "Padrón de los Desaguadores, Caceras...". En él, para cada uno de estos elementos en que descompone el total del riego, da la longitud, el ancho y profundidad de la acequia, detalla las obras de fábrica que incluye (puentes, acueductos, partidores...) e indica también las horas que tienen concedidas como dotación de agua. Señala, además, la superficie que se riega y la que se puede regar, medidas en fanegas. Es evidente la admiración que Pedro Delgado sentía por la obra realizada por Sebastián Feringán, verdaderamente de gran magnitud: la acequia principal tenía una longitud de más de 72 kilómetros, con 19 boquillas de entrada a sendas caceras y 12 para otros tantos desaguadores. Indica Pedro Delgado que esta red de acequias llegó a regar alguna vez 21.927 fanegas de tierra y que puede alcanzar las 30.000 (13.410 hectáreas, valor bastante aproximado a las 12.500 de superficie regable que, según J.A. Fernández Ordóñez1, tenía esta acequia).

A continuación, el autor relaciona un total de 137 obras de fábrica sobre la acequia principal y las caceras, reseñando en cada una de ellas, cubicadas, las unidades de obra que la componen: excavación, mampostería y sillería, enlucidos, etc., lo que permite valorar el gran esfuerzo llevado a cabo. La cuidadosa labor de Feringán Cortés en la nivelación se demostró cuando se abrieron las compuertas, momento en el que las aguas corrieron a lo largo de toda la acequia. Sin embargo, inmediatamente y debido a los sumideros, se produjeron pérdidas por todas partes, de modo que, como indica Pedro Delgado, fue precisa una gran cantidad de dinero para reparar apenas una pequeña porción de aquellos, evidenciando que Feringán no tuvo en cuenta la calidad de los terrenos por los que circulaba el agua. Cuando Pedro Delgado llegó a la obra, ésta permanecía igual que desde poco después de su construcción y las aguas no podían continuar más allá de Ciempozuelos, por lo que el autor juzga finalmente como un fracaso la obra de su predecesor.

Describe luego Pedro Delgado la actuación de Carlos de Witte, realizada durante el reinado de Fernando VI y consistente en revestir de sillería el túnel de la Peña de Acirate, obra que no considera lógica al no haberse resuelto aún el problema de los sumideros, imprescindible para que pudiese llegar el agua hasta aquel punto. Señala también el autor del manuscrito cómo fue destinado a la acequia, bajo la monarquía de Carlos IV, el oficial de ingenieros Guillermo Minali, quien decidió sustituir toda la tierra de la zona de los sumideros por otra de mejor calidad y compactada con pisones. Desgraciadamente, también esta obra resultó un fracaso al aparecer un nuevo sumidero que inutilizó todos los trabajos efectuados. Pedro Delgado se dio cuenta del problema del terreno, pasando a describirlo en los capítulos 7º ("Derrubios y Sumideros"), 8º ("Proyecto para remediar los sumideros") y 9º ("Medios y recursos para habilitar y poner la Acequia Corriente"), y en los tres se encuentran varios datos interesantes. Describe, por ejemplo, cómo al construir la Acequia por primera vez, y estar San Martín de la Vega por debajo de la cota de la misma, se anegaron las cuevas y casas del pueblo por filtraciones del terreno, por lo que se procedió a revestir de hormigón de cal este tramo. En el capítulo 8º estudia además cuatro sistemas que a lo largo del tiempo se habían probado para solucionar el problema y todos ellos se basaban en conseguir la impermeabilización de la caja de la acequia, tratando al mismo tiempo de dar estabilidad al cauce para evitar deformaciones. Pedro Delgado los considera válidos por igual, pero es su coste lo que los hace inviables.

La propuesta del autor se basaba en la mejor administración de la Acequia, reparándola progresivamente de modo que, con el paulatino aumento de la superficie regada, los ingresos generados permitieran continuar la reparación. Pretendía ir arreglando tramo por tramo, comprobando el resultado de los trabajos realizados antes de pasar a la siguiente fase y garantizando así el riego. Sin embargo, el importe necesario era en realidad muy elevado e insuficiente el control de la recaudación. Pedro Delgado incorpora planos de las posibles soluciones y aporta datos justificados del coste que supondrían.

Pese a lo detallado de la documentación y la profusión de planos, el estudio y las propuestas de Pedro Delgado no fueron tenidos en cuenta y hasta es probable que ni siquiera se leyeran, dado que le fueron remitidos al conde de Miranda con fecha posterior a aquélla en la que se le denegó el cargo de Administrador de la Acequia.

1. Fernández Ordóñez, José Antonio: Catálogo de treinta canales españoles anteriores a 1900. Madrid, CEHOPU, 1986.


BIBLIOGRAFÍA

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(Existen diversas ediciones posteriores, así como facsímiles).

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FERNÁNDEZ ORDÓÑEZ, José Antonio: Catálogo de treinta canales españoles anteriores a 1900. [Madrid], CEHOPU, D.L. 1986 (Ciencias, humanidades e ingeniería).

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LLANTELLAS, Faustino: Memoria relativa a la execución de un canal de navegación y de riego que con las aguas de los ríos Xarama y Lozoya fructificasen las alturas de San Bernardino y del Retiro, enriqueciendo y proporcionando a la capital las conveniencias de que carece, la hiciese la más hermosa de toda Europa. Madrid, Imprenta del Diario de Madrid, 1814.

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MADOZ, Pascual: Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar, 16 vol., 2ª ed. Madrid, Est. Literario-Tipografico de P. Madoz y L. Sagasti, 1846-1850.

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DOCUMENTACIÓN DE ARCHIVO

ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS (A.G.S.): Casas y Sitios Reales, legajo 253, fol. 2.

FICHA BIBLIOGRÁFICA
FICHAS BIBLIOGRÁFICAS COAM FAC-34

Publicado en web: 03- septiembre - 2006



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