Sus dibujos de Granada, los cuadernos de la Marina Alta o los paisajes urbanos componen el relato de una particular sensibilidad para el proyecto en todas sus escalas.
La experimentación en torno a la vivienda social empieza en El Hogar del Empleado, con Oíza, Sierra, Milczinski y Cubillo, y tiene continuidad con Mangada y Ferrán: Manzanares, Erillas, Batán, Puerta del Ángel, Calero, Loyola o Juan XXIII son paradigmas para la arquitectura madrileña. Sus dos premios en el Concurso de la Vivienda Experimental y el feliz encargo del Poblado Dirigido Fuencarral C, añaden las colaboraciones con Miquel y Emiliano. Premio Nacional de Arquitectura por la Capilla del Camino de Santiago, con Oíza y Oteiza, su trabajo llega hasta hoy mismo, con un amplio recorrido por proyectos para la Avenida de la Paz, Campamento, Usera, Tetuán, Granada o Valencia, pero también para las construcciones del Pabellón de Jaen en la Feria del Campo, la Casa de Reposo en la Sierra o sus casas de verano en el Mediterráneo.
Precisión, pasión y discreción hablan de Romany como un arquitecto único