Esta insólita quinta tiene su origen en unas tierras de labor pertenecientes al conde de Torrearias que regaló a Cesar Cort y Botí en 1920. Este arquitecto alicantino convirtió esa propiedad en una villa de recreo con explotación agrícola, al estilo de las que tuvieron algunos nobles en los pueblos cercanos a la capital. Fue adquiriendo más terreno hasta llegar a tener una extensión de más de 28 hectáreas, en donde construyó una serie de edificios, fuentes, estanques, depósito de agua, pista de tenis, molinos de viento entre caminos y veredas, en una topografía accidentada por la que corrían dos arroyos. Todos ellos rodeados de una vegetación de origen mediterráneo, en la que abundan los almendros, olivos y árboles de gran tamaño.
No es necesario cumplir ningún requisito para disfrutar de estas visitas. De este modo la Fundación Arquitectura COAM da un paso más para promover la Arquitectura de nuestra ciudad entre todos los ciudadanos.
Plazas limitadas a 25 personas por visita.
