El comic y la arquitectura comparten, si hemos de hacer caso a Will Eisner por un lado y a Ignasi de Solà Morales por el otro, un carácter secuencial. Una narrativa del acontecimiento, más que del programa. Una estructura mutante y variable que se adapta a lo narrado —en el comic— y a ser el escenario de la narración —para la arquitectura— a la que condiciona y de la que depende.
Esta dependencia mutua, la de la narración y el espacio gráfico, la de la vida y el espacio físico, hace que haya una relación empática entre el comic y la arquitectura. Ambos poseen reglas y manejan códigos lo suficientemente sólidos y conocidos como para permitir su alteración sin que esto signifique una pérdida de significado. La narración secuencial, el comic, ha alcanzado un nivel de experimentación que la literatura convencional se permite poco; en arquitectura, lo experimental es consustancial a la labor profesional, que se nutre de avances no siempre reconocidos. En cualquier caso, es siempre interesante que una labor reproductible —en los términos de Walter Bernjamin— el comic, comparta tantos extremos con el menos replicable de los trabajos, la arquitectura.
Es esta relación especial la que nos lleva a unir a Enrique Bordes y a Carla Berrocal, para saber cómo se cuenta lo institucional desde lo secuencial. Como se narra una disciplina, una historia, desde el comic. También, y no en menor medida, para discutir con ellos sobre la edición, la autoedición y el trabajo como investigación; aquel que no puede dejar de hacerse pero que debe comunicarse para poder ser rentable.