La investigación sobre los fenómenos urbanos que se desarrollaron en España a partir de 1960 en las periferias de las grandes ciudades había tenido siempre una aproximación desde fuera y desde arriba. En otras palabras, un acercamiento académico y técnico que analizaba aquellos crecimientos expansivos y rápidos desde el urbanismo y desde el análisis crítico arquitectónico, pero no desde la vivencia y la cercanía. Las pocas incursiones existentes desde lo social se han desarrollado a partir de las grandes cifras de movimiento poblacional, masas de habitantes y no personas. No cabe duda de que estos análisis constituyen un marco histórico y científico fundamental para comprender como crecieron los grandes centros urbanos, empujados por un urbanismo voraz y por los cambios poblacionales y demográficos de la España que empezaba a transitar hacia la democracia; sin embargo siempre ha quedado fuera, en los márgenes, la realidad y la participación activa de quienes habitaban aquellos entornos y, sobre todo, de quienes los hicieron habitables con su esfuerzo, ya fuera desde la participación en las asociaciones de vecinos y vecinas o desde el cuidado, tantas veces silenciado. Si este borrado es claro para los ciudadanos, lo es más para las ciudadanas. Generaciones de mujeres que han habitado y hecho habitable un espacio urbano construido, en demasiadas ocasiones, a la contra. Algunas publicaciones recientes como Nunca voló tan alto tu televisor, de Silvia Nanclares e Hijas del hormigón, de Aida Dos Santos o el documental Ellas en la Ciudad, de la arquitecta Reyes Gallegos, han traído a primer término a estas protagonistas y su labor, olvidada y sin embargo fundamental.