El derrumbe de Carabanchel y la seguridad de los edificios

Fecha: 07/08/2015

Tras el derrumbe del edificio de viviendas de la calle Duquesa de Tamames, el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM) quiere ahondar en el debate abierto en torno al control de la seguridad de los edificios madrileños. Al mismo tiempo, los arquitectos deseamos mostrar nuestra preocupación por el incierto futuro de los habitantes del edificio que han perdido sus viviendas y celebrar la ausencia de daños personales.

La forma de controlar periódicamente el estado de conservación de los edificios es la Inspección Técnica de Edificios (ITE). La implantación de esta inspección obligatoria ha representado un gran avance sobre la situación anterior; y se verá a partir de ahora mejorada a través del Informe de Evaluación de Edificios que establece la Ley de Rehabilitación, Regeneración y Renovación Urbana.

Los arquitectos que realizan las ITEs están adecuadamente formados y se les presupone una actuación responsable. Madrid tiene excelentes profesionales en el sector de la construcción, por lo que no son aceptables algunas descalificaciones a priori que se están escuchando estos días. Solo una vez analizados los hechos podrán delimitarse las responsabilidades por quien corresponda.

Las ITEs son un excelente instrumento de control. Sin embargo, el derrumbe de Carabanchel ha puesto sobre la mesa una evidencia: incluso con una ITE favorable pueden ocultarse deficiencias que no se percibieron en la Inspección.

Una ITE solo se realiza, en principio, mediante el examen de la presencia de síntomas perceptibles. Solamente frente a ellos se indican ensayos o pruebas más detallados.
Pero los problemas en los edificios, en ocasiones, son asintomáticos hasta un momento muy avanzado del deterioro. O bien quedan ocultos a la inspección inmediata.

Por ello, el COAM cree que es conveniente dar pasos hacia la implantación de revisiones más exigentes y específicas en cuestiones que afectan a la seguridad. A tal fin es posible definir en la normativa protocolos, pruebas y ensayos de obligatoria y periódica realización incluso en ausencia de síntomas inmediatamente perceptibles. En particular en los edificios con “factores de riesgo”: edad, calidad constructiva original, materiales y tipología estructural, historial de defectos en edificios similares o del entorno, cambios de uso y otros.

Por su parte los usuarios de un edificio deben tomar conciencia de la importancia de detectar cualquier indicio de problemas en el edificio y ponerlos de inmediato en conocimiento de un profesional y de su Ayuntamiento. Una deficiencia estructural puede ser corregida si se actúa a tiempo. Desatendida puede provocar males mayores que son, en general, evitables.

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