La historia de la (no) construcción de este edificio es el hilo conductor de Londres, Mies y el Príncipe Carlos: un ensayo divulgativo que busca poner de manifiesto la importancia del avance de la modernidad, frente al conservadurismo. De lo social, frente a lo técnico. El proyecto ocupó los últimos días de Mies hasta apenas una semana antes de su muerte. Pero eso no significó su fin ya que en los años ochenta se intentó recuperar.
Hablamos de «intentar» porque no fue bien recibido por el gobierno conservador de Margaret Tatcher, conocida como la «dama de hierro»; ni por el príncipe Carlos de Inglaterra, quien inició una campaña de oposición al edificio. Al príncipe la arquitectura le importaba más bien poco, pero encontró en este escenario un símbolo para abogar por el conservadurismo. Su cruzada contra la arquitectura moderna era una cuestión de temporalidad, de sentimiento personal o puramente de desconocimiento.