Hijo del también arquitecto Antonio Vallejo Álvarez y nacido en Madrid en 1930, se tituló en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid en el año 1957 y se colegió el mismo año con el número 1.205.
Vallejo Acevedo fue un profesional de amplio alcance con numerosos premios, profesor de la Escuela de Arquitectura de Madrid, arquitecto de la Obra Sindical del Hogar, colaborador del COAM, Director General de Arquitectura del Ministerio de la Vivienda entre 1976 y 1977 y Director General de Arquitectura y Vivienda en el MOPU entre 1977 y 1982.
Especializado en la construcción prefabricada y con una obra variada que incluye ejemplos valiosos dentro de cualquiera de los géneros en los que trabajó, su fondo llegó al Servicio Histórico en 2017 por donación del propio arquitecto, avalado por el catedrático emérito de la ETSAM y colegiado 4.717 Miguel Ángel Baldellou Santolaria. Dicho fondo recoge su vida profesional desde 1957, año de su titulación, hasta 2011, fecha de su jubilación, y se encuentra actualmente inventariado con un total de 169 unidades documentales.
Alcalá de Henares a 20 de abril de 2025
Estimado Antonio: escribo esta carta para rendirte homenaje desde la tribuna que me brinda el colegio profesional al que perteneciste durante décadas.
Fue a finales de los cincuenta cuando terminada la carrera te uniste a esta vieja profesión a la que quizás pertenecías ya desde hacía mucho tiempo, cuando aún siendo niño la vocación te atrapó observando a tu padre dibujar líneas ortogonales sobre las fachadas de Madrid, y pudo ser entonces cuando comenzaste a elevar la vista para mirar las cornisas o también a entender el pulso interno de los muros.
Te descubrí trabajando en dos torres gemelas de la primera periferia, empujando el lenguaje a la honestidad brutal en la plasticidad de los materiales y trasluciendo la belleza de las estructuras por su resplandeciente verdad.
Después fuiste un jovencísimo arquitecto paseando orgullo por aquel espléndido internado de provincias recién inaugurado, con estancias como órganos nacidos en un cuerpo geométrico, con dormitorios concebidos desde el gusto infantil por las literas, o con la forma de los pediluvios siguiendo su también límpida función sobre aquellos chavales alejados de sus familias. Si su noticia no abunda la historiografía es porque la más caprichosa de las Musas es sin cuestión la Fortuna Crítica.
Y qué decir de tu etapa de madurez implicado en la vivienda social que aún tanto nos falta. O de tus investigaciones con formas geométricas no usuales. Qué decir de tu casa sindical con improbables apoyos isostáticos de los nudos de hormigón, y donde lamentaste cómo el devenir del uso altera la pureza proyectual de nuestras obras.
La última vez nos vimos en tu casa cuando fui a llevarte el libro en el que tanto me ayudaste. Tu estudio ocupaba toda la buhardilla y el techo era una curva semejante a una bóveda que habías diseñado en un tono azul profundo y para hacer aun más fuerte la idea de cielo pintaste los anclajes de color plata de manera que han quedado allí, sobre tus cosas, brillando como estrellas.
Fernando García Lozano
Doctor Arquitecto